Blog literario idiota de Andrés Nortes Martínez-Artero. Literatura y rock en vena. Y alguna cosa más

viernes, 1 de junio de 2012

Un encargo difícil, de Pedro Zarraluki

Cuando vi Indiana Jones y la calavera de cristal no salí contento de la sala. Fue una auténtica lástima. Y además, una pequeña y rabiosa rebelión contra mí mismo. No sabía si debía estar muy cabreado o simplemente molesto. Pero el problema fue que no resultó sublime. Las dos veces que fui a ver Indiana Jones y la última cruzada salí del cine divertido, excitado, arenalinizado -perdón por la invención-, enamorado de Elsa -recuerdo aún ese inaudito bocado al labio del aventurero, poco antes de descubrirse que va a ser la traidora femme fatale-, odiando a los nazis y queriendo que mi padre fuera el doctor Henry Jones, si bien un poco ya se le parecía.

Eso fue con esa tercera entrega de las aventuras del arqueólogo. La pregunta, claro, es: ¿y qué tiene que ver el doctor Jones con la guerra civil española, con Pedro Zarraluki y con los encargos difíciles? Yo diría que ojalá el doctor Jones (hijo) nos hubiera ayudado a contener el golpe de estado, pero vista la película, la otra, la que no fue soberbia, Indiana Jones y los marcianos de ojos de almendra (también llamada por algunos Indiana Jones y la calavera de cristal con ojos de almendra), tal vez me daría miedo anticipar que el aventurero se habría aliado con los militares. Indiana Jones saludando a Franco, con un cierto humor, pero decididamente en su bando. Quien, en la guerra fría, antes de ser ejecutado -ejecución de pacotilla: esa escena se produce en el minuto veinte, aproximadamente, por convenciones cinematográficas no tiene viso ninguno de ser exitosa- grita "Viva Eisenhower" es un fanático estúpido, no el maravilloso personaje héroe de mis años de infancia.

La relación, claro está, no es esa. La relación es más simple, y es una pequeña obsesión mía que toma cuerpo conforme pasan los años y me doy cuenta de que, como dice mi amigo Juan Antonio, no leeré todos los libros, ni veré todas las películas: el libro -la película- debería ser sublime, pero ¡sólo es bueno, nada más! El puñetero horizonte de expectativas de Jauss e Ingarden. ¿Queréis saber qué es eso del horizonte de expectativas? No oigo las voces del respetable, pero como el blog es mío, o de la anciana, entenderé que sí y lo explicaré como buenamente pueda, porque no es una idea fácil. Los lectores somos personas que nos comunicamos con otras personas-lectores y demás medios que nos proporcionan información sobre los textos antes de leerlos (y enfrentarnos a ellos, y proporcionarles sentido a sus numerosos vacíos de significado) por nuestra propia cuenta. Además, hemos efectuado anteriormente numerosas lecturas que nos proporcionan conocimientos que presuponemos pueden sernos válidos. Ambos factores, sumados (información pre y para-textual y bagaje lector), hacen que nunca cojamos una lectura de la nada sino con una serie de expectativas, previsiones y/o deseos que pueden cumplirse o no.

Aquí es donde radica el problema y donde se puede por fin hacer que el doctor Jones (junior) estreche la mano de Markus (pese a ser filonazi) y de Benito (pese a ser un asesino y un ex-anarquista). Cuando comenté a mis amigos que La historia del silencio me había gustado pero que, por desgracia, me había dejado la sensación de poder ser más, estos lo entendieron. José Oscar registró en los comentarios de aquella entrada su cercanía y su gusto por aquella novela, que, además, curiosamente, es una de las entradas más transitadas de este blog, a lo mejor por las búsquedas selectivas que suponen la mayor parte de su tráfico. La segunda parte, cuyo resultado fue de mayor extrañeza, era el comentario de que iba a comenzar una novela que pesqué en casa de mis padres: Un encargo difícil, de nuevo de Zarraluki. "Si no te ha encantado la primera, no pierdas el tiempo" era el comentario más escuchado. De nuevo el tempus fugit y el consumo cultural.

Pues empecé a leer Un encargo difícil. En pocas palabras, su argumento es el de unos personajes exiliados en un islote miserable -al menos en ese momento, desconozco si hoy algún edil ha decidido embolsarse algunos millones construyendo allí el Pajera Ressort o el Caraja Hills- del archipiélago balear a final de la Guerra Civil Española. En la islilla de Cabrera es donde confluyen varias vidas: la de estos dos personajes, la de un extremeño que lidera un misérrimo cuartel militar, la de dos refugiadas-exiliadas políticas, madre e hija republicanas, la de un pescador que pierde la memoria en tierra, etc.





 (Imagen tomada del blog del escritor Pablo Martín Carvajal)




Para mí, esta novela se estropea en su último tramo. El final de Una historia difícil parece resolverse con un -amargo, no voy a desvelar aquí por qué- deus ex macchina, y deja un poso de comedia barroca en la que los graciosos se casaran entre ellos y los segundos galanes y damas también, por no hacer feo. La isla entera, por no decir la novela entera, rebosa una amabilidad que a mí no me ha gustado, si bien es cierto que la novela soporta una revisión histórico crítica a la perfección, y lo mismo pasaría si se analizara la verosimilitud de los sucesos que en ella se cuentan. (Ahora bien, la verosimilitud de los sucesos de una novela histórica reciente está sometida, inevitablemente, a una perspectiva política.). Un personaje, la cantinera, filosofa, pero desde su sanchopancismo y con el contrapeso de un marido que le pega; esa violencia queda en el aire: ¿el narrador la olvida, el escritor la acepta o la soslaya, o simplemente la testifica? Los asesinos tienen escrúpulos, y los mandos franquistas militares (los pequeños) son prácticos y humanos más que dictatoriales y necios. En la novela no hay peso sin contrapeso. Y eso es precisamente lo que a mí no me convence. En la novela, y esto es una apreciación totalmente personal, el escritor se da en cuanto ofrece un libro. Qué escribe tiene sentido, y qué no escribe también tiene sentido.

Se me ocurre lo siguiente: al leer esta novela he pensado en una película que he visto varias veces y que siempre me ha gustado bastante, que es Mediterráneo, de Gabriele Salvatores. Pero Mediterráneo es la claudicación de los soldados en pos de la cultura mediterránea, mientras que en Un encargo difícil, por rizar un poco el rizo y volverme un poco pedante, a mí me parece que la cultura mediterránea claudica en pos de una pacificación o sedación. En España, el problema de la sedación, ahora que Garzón ha sido retirado de la judicatura y de que no hay más que 90 casos de fraude fiscal en todo el país, es el de la poca fe. Desde ese punto de vista, a algunos nos escuece especialmente encontrarnos con -aunque sea poco- el maldito buenismo. La justicia es la justicia, y mirar para otro lado es sólo pecar de cortoplacismo dejando nuestras responsabilidades para los que vengan después. Cuando vivo, lo hago políticamente, así como cuando leo y cuando hago muchas otras actividades en mi vida. La política, sea la que sea, es un posicionamiento vital. Personalmente no busco una novela de la revancha, pero tampoco una de la tabula rasa, y para mí (y repito, sigue este siendo un juicio totalmente personal) esta novela lo es. Y lástima que me da decirlo, porque algunos pasajes son auténticamente poéticos. (Otros, melodramáticos, otros sólo funcionales) y, como en La historia del silencio, el narrador tiene talento y también lo tiene el prosista.

¿Se le nota la costura a esta novela? Su estructuración de breves fragmentos está bastante bien llevada a cabo (no tan bien como en Bariloche, de Andrés Neuman pero también bastante bien), pero hacia el final... Bueno, un poco sí se le nota que es un constructo hacia el final. Este, el que quiera que sea -nada de desvelarlo-  es previsible. Los giros de los personajes también, aunque su identificación con símbolos les dé mucha más carga poética...

En fin, yo creo que es una novela razonablemente buena, bien escrita, pero éticamente me ha repelido un poco su visión del mundo; a lo mejor no la he entendido. Pero mientras tanto, dejo a Zarraluki en el aire y me dedico a terminar Las uvas de la ira, que aún le faltan trescientas páginas.


2 comentarios:

Salvador Suto dijo...

Sin leer la novela, solo puedo estar de acuerdo con las referencias al Doctor Jones (que podría ampliar páginas y páginas para intentar desahogarme) o Mediterráneo, que es una película que me encanta.
Haciendo referencia al "Tempus fugit", y por lo que nos cuentas, creo que buscaré otras lecturas para este verano, pero aun así, la reseña me ha gustado mucho.

El cuentacuentos dijo...

Gracias por el comentario, Suto. Esta tarde pulo un poco la entrada, que tiene algunos errores.