Blog literario idiota de Andrés Nortes Martínez-Artero. Literatura y rock en vena. Y alguna cosa más

lunes, 5 de noviembre de 2012

El fondo del cielo, de Rodrigo Fresán

A mediados de verano, y a mediados de El viajero del siglo, de Andrés Neuman, novela que compré con mucho gusto en Oviedo creo que fue, ocurrió un imprevisto. Para las personas que, como yo, son inconstantes pero, como a mí,  nos gusta la literatura, una novela de seiscientas páginas es una dulce tortura. Tortura porque estamos deseando empezar otros libros: hay tantos, tan bonitos, tan especiales, tan maravillosos, en todas partes, en las librerías, en la biblioteca, en las tiendas digitales, en la red, libros caros, baratos o gratuitos, legales o ilegales, que son un insoportable canto de sirena para nosotros. Dulce, segunda parte del oxímoron -un oxímoron es el efecto que resulta de juntar dos palabras que por su significado son casi incompatibles, para quien no lo sepa; lo importante no es saber su raro nombre, sino ser capaz de percibirlo y disfutralo, muerte a los pedantes-, porque si la novela es bella, cada página es un tesoro que se hace brillante y desaparece entre los dedos de nuestra atenta lectura, que muere en el momento de ser leída.




(Imagen tomada de The Continental Library)






Pues eso me pasó con El fondo del cielo. Buscaba autores jóvenes y contemporáneos para mi tesis y me llevé el libro de Fresán sólo porque su nombre me sonaba de alguna Qué Leer que me haya dejado Juan Antonio. Miento. Me llevé El fondo del cielo porque su título era acojonante, y su portada no era para menos. Es así.


(Imagen tomada de la web El placer de la lectura)



(Luego no me sirvió.)

Empecé a leerla con mucho cuidado. Leí en ella páginas con veinte párrafos que empezaban todos con las mismas palabras, narraciones en primera, segunda y tercera persona, creo recordar (la leí en agosto, esta entrada es una farsa escrita sin el libro abierto delante de mí). Al contrario que en Rayuela -a la que le debe bastante- pronto me reencontré. Leí fragmentos en los que sucedían muchas cosas, y páginas y más páginas en las que suceder no sucedía nada, pero las palabras eran escandalosamente bellas. Sus personajes son muy fuertes aunque su descripción sea puramente metafórica, e incluso aunque no tengan nombre. Quizá el libro me decepcionó un poco en su tercera y última parte de la que no desvelaré su contenido, por ser demasiado lírico cuando había muchos sucesos en el aire como para no esperar algún tipo de desenlace más concreto. La escena del mono y la tibia de 2001 Odisea en el espacio es me parece que está al principio, no al final, no sé si logro explicarme con claridad. Y sus auto-comentarios del final, con agradecimientos incluidos, como si de una película se tratara, no tienen precio. Estoy deseando tener un rato para leer Matadero 5 de Kurt Vonnegut, de la que se confiesa amante. Por la propiedad transitiva de los números, aplicada a las letras, me parece que a mí también me va a gustar.

Esta es una novela sobre ciencia ficción. No -de ningún modo- de ciencia ficción. En esta novela, la ciencia ficción no es un género, o no lo es con todas las convenciones del mismo. Es un tema. Es una novela dedicada a la ciencia ficción. Pero una ciencia ficción muy poéticamente integrada en la historia de la humanidad. Y sin embargo, en ella caben numerosísimos guiños y senhales que un amante de la ciencia ficción puede entender. Por desgracia, sociológicamente no son dos tipos que a menudo coincidan -el amante de la poesía y el amante de la ciencia ficción- por lo que se me ocurre que el "lector modelo" de esta novela es una rara avis. Yo lo soy. Yo la gocé.







4 comentarios:

Pedro López Manzano dijo...

No sé este El fondo del cielo, pero Matadero 5 creo que sí te gustaría.

Juan Antonio López dijo...

Andrés, cree recordar que Fresán se confesó en una entrevista como seguidor impenitente de Vonnegut, tanto que escribe con un retrato de él delante.
Precisamente, acabo de terminar un análisis de Matadero cinco que publicaré en el próximo Tonos Digital. Si quieres leerlo, lo tengo.

El cuentacuentos dijo...

La literatura comparada es un bonito entretenimiento. Léete alguna de Fresán a ver qué traiciona el alumno del maestro.

El cuentacuentos dijo...

Pues Pedro, ¡ya me lo estás pasando! Que tener dos libros (con el de Roth) de un amigo que los lee y los devuelve no entraña peligro.