Blog literario idiota de Andrés Nortes Martínez-Artero. Literatura y rock en vena. Y alguna cosa más

domingo, 10 de junio de 2012

Un millón de luces, de Clara Sánchez

Tras escribir sobre Calvo y su Jardín Colgante, llega el turno de la segunda lectura que elegimos para el club de lectura. Que se trata de una autora a la que tenía ganas después de haber visto pululando por mi ambiente otra novela de su misma autora, Clara Sánchez, en este caso Lo que esconde tu nombre.

Pero la que elegimos para el club fue Un millón de luces. En parte, porque en el club nos nutrimos de los libros que la maravillosa Biblioteca Regional de Murcia (yo sólo he tenido buenas relaciones con ellos, ya pasados los años vago-rebeldes en que me buscaba unas penalizaciones de diez meses por tardanza en la devolución), y en el catálogo de la BRMU la que tenían era Un millón... De modo que alguien la pidió, alguien la recogió en una maletita y al día siguiente se empezó.

No me ha gustado Un millón de luces. Pero bueno, me voy convenciendo ya de que la palabra de admiración es tan natural como la de desagrado. Esto se aprende casi más en un club de lectura que en cualquier otro lugar. De cada uno de los aspectos que allí hablamos, en la reunión sobre el libro de Javier Calvo, siempre hubo alguien a quien le había gustado y alguien a quien no. De donde, en un medio tan democrático como un pequeño blog literario de reseñas, no me parece que esté haciendo real esa aseveración de Bacon ("El conocimiento es poder") puesto que, aunque tenga una acreditada formación filológica, no me encuentro en situación de hacer crítica analítica, científica, sino entretenida crítica impresionista. Por eso digo que (mi) conocimiento no llega a ser poder.







No me ha gustado por varias razones. No me gusta el tema. No creo que dé ya demasiado de sí, después de Shakespeare y de los otros grandes. La búsqueda del poder y la controversia sobre los medios para alcanzarlo pienso que sólo llegan a ser un tema potente en un entorno trágico y/o en un tono diferente, tal vez mágico, tal vez intimista.

Pero antes de que siga adelante, diré de qué trata la novela: una narradora en primera persona, novelista en ciernes (ufff, las parabiografías, qué horror, el quiero y no puedo cobarde) con una relación sentimental recién cerrada entra a trabajar en una gran empresa recomendada por esta expareja como recepcionista. Pronto ascenderá dentro de la empresa e irá conociendo a muchos personajes de la misma o relacionados con la misma cuyas vidas conocerá y contará, anteriores o simultáneas a su paso por la empresa.

El tono de esta novela es bastante superficial. La idea de narrar en presente, con verbos en presente, es interesante y se adapta muy bien a la idea propia de la obra, lo cual me permite formularme la siguiente pregunta: si esta es una novela banal que trata sobre un mundo -el de los negocios- banal también, ¿No es incluso posible que la autora lo haya planeado así? La respuesta es, como advertí al comienzo, simplemente opinatoria. No sé si lo ha querido hacer así o no; sencillamente, no me gusta lo que resulta.


En esta novela hay algunos tópicos y algunas ideas interesantes; desde un punto de vista sociológico, el personaje del ejecutivo está bastante bien caracterizado en el contraste entre las anteriores generaciones y las modernas (la comparación entre los amoyores como Emilio Ríos y los jóvenes como los hermanos Alexandro y Jano o Conrado Trena, el hijo de Sebastián Trena y lo que es más importantepeliagudo: lo que pese a todo tienen en común). Los tópicos, sin embargo -la relación de la mujer del jefe con el chófer apuesto, las charlas en los servicios- están bastante manidos. Los personajes masculinos son más interesantes o al menos más dignos, pero los femeninos, salvo por momentos, resultan más caricaturescos. Y en cuestión sexual, siempre me gusta más la escritura feminista que la que no es feminista o la que es antifeminista o machista.

Un millón de luces resulta así desde su título un panóptico de historias de seres humanos entrampados en una fraudulenta y alienante vía hacia la felicidad, que es la gran empresa. Pero cuando yo pienso en bonitos panópticos humanos se me vienen a la cabeza las películas Smoke o Noche en la tierra; espero que no se me aparezca nunca esta novela en el imaginario. Un panóptico cae en lo inaprehensible si las historias observadas no mantienen relación semántica ninguna. De haberla, yo no la he visto. Veinte páginas contando la vida de un personaje que no va a reaparecer ni a tener importancia ninguna en la trama principal (de la cual aún tengo dudas sobre su estatuto de trama principal) resultan muy caras en la atención del lector, o al menos en la mía.

Sin embargo, leer Un millón de luces no es tampoco triturar el tiempo como sería ver Casi 300 u oír a Alejandro Sanz desgañitarse creyéndose flamenco. En esta novela hay algo de cervantismo, como por ejemplo el placer voyeurista de las miradas a las historias ajenas, el amor a la narración o la duda sobre la veracidad del narrador. Además de que -no en todas- en algunas páginas la prosa llega a ser notablemente bella, con algunas frases a modo de conclusión que a uno lo dejan quitándose el sombrero. Porque, a ver, prevenidos estamos, la protagonista es o quiere ser novelista. ¿No hay un sinónimo más grande de mentiroso? Pues no nos mienta con novelas como esta, doña Clara, y escriba la gran novela de la que da muestras de lo que usted sería capaz.



sábado, 9 de junio de 2012

Vídeos caseros. Sail, por Awolnation

Primero, el original.





Luego, el impagable (y mucho mejor) casero.



¡Juzguen ustedes!

jueves, 7 de junio de 2012

Never come back to me, por The joykiller

He aquí un grupo que no le gustaba prácticamente a ninguno de mis amigos (y mira que todos mojamos en el punk melódico de los vástagos de Epitaph), pero que a mí me volvía loco, con ese sonido de guitarras tan especial, ¡una auténtica fuzz-box!




Dejo, además, una web desde la cual podéis seguir todos sus vídeos en youtube.com.



Espero que os guste un poco ese sonido crudo, un poco a la manera de un Jack White acelerado.




miércoles, 6 de junio de 2012

Despedida

Hasta mañana, Ray.




El jardín colgante, de Javier Calvo


Hace unos días rompí el silencio bloguero con un pequeño y a mi juicio algo torpe comentario sobre una novela de Zarraluki por la que se había llevado, sin embargo, un premio importante. Un día de estos, si no lo he hecho ya –ahora no puedo consultar, porque a la redacción de estas líneas no tengo conexión a Internet; ya subiré la reseña en otro momento-, debería escribir algo sobre los premios literarios, pero esta tarde (estoy hablando de un 3 de junio) no lo haré.

Nota: continúo la redacción de esta reseña después de la fecha mencionada.

Aunque no escribiera en el blog, he seguido leyendo, eso sí, aunque a menor ritmo. Y como resultado de esto, me encuentro con algunos comentarios que aún tengo que redactar. Hoy voy a echarle un ojo a una novela que tiene mucho en común con este blog: literatura y rock and roll. Con todos ustedes, ¡El jardín colgante, de Javier Calvo!

(Imagen tomada de renfeblog.com)



El jardín colgante ha sido una novela que el impagable Juan Antonio recomendó para leer en un club de lectura como los que se comentan en el artículo de la entrada de arriba. Por tanto me puedo permitir hacer una reseña menos individual y más colectiva. Esconderé nombres y sexos, eso sí. Al fin y al cabo, de espías se trata, ¿no?

El señor gato opinaba que era una novela interesante, en lo formal y en el contenido. La comparó con otras novelas leídas en el mismo club de lectura y destacó sobre todo su estilo. El señor gato es un lector veloz acostumbrado a desayunar Bolaños y cenar Cortázares, así es que si le gustó la novela, ya es algo que hay que destacar.

El señor canario por su parte no mostró disfrutar con la lectura de El jardín colgante. A su gusto los personajes femeninos sólo tenían dimensión erótica. La visión histórica, según él, no es correcta. Pese a todo, afirma haberse reído en la escena en que Arístides Lao empieza a hilvanar ideas mientras su señora madre espera que le fría dos huevos para la merienda. El resto de señores animales también se lo pasó bien en la lectura de esa escena, y debo decir que todos -incluido yo, otro lector animal- se rieron bastante recordándola. Es una farsa estupenda, es divertidísima. Pero como todo lo que tiene que ver con Arístides Lao, resulta escalofriante. El señor canario, además, comentó mucha información conocida de primera mano sobre los años setenta y sobre la financiación de los grupúsculos terroristas asociados a la parte de la izquierda que se mostró contraria a las concesiones de Carrillo y el PCE.

El señor cacatúa se quedó un poco en el aire. La construcción de personajes le parecía interesante, pero no tanto el asunto que se trataba. Le dejó un poco frío, y se notó en que no intervino con pasión en el debate.

El señor mandril se llevó una muy grata impresión de la novela. Decía que podía leerse como si fuera una película de los Cohen, con violencia y crueldad yuxtapuestas a humor y/o delicadeza. Al señor mandril le llamaron también la atención las metáforas musicales y el paso desde el protopunk (Patti Smith, Iggy Pop)  al punk nihilista (Sex pistols) como metáfora del final de todo (también el final de la era de Sirio, que como sabemos es el nombre en clave del espía Arístides Lao). En España también acaba todo (un régimen dictatorial vetusto) y empieza algo totalmente nuevo (la democracia transicionista).

El señor pelícano no había podido terminar la novela, pero de todos modos acudió al club y comentó sus impresiones en general positivas sobre los primeros capítulos. Aunque se le desvelaron algunos hechos que iba a leer despúes (¡haber acabado la novela a tiempo!) participó como todos los demás en el debate, y avisó de que ya intuía que el poder (odioso) no iba a dejar de practicar una connivencia (odiosa) con el mal terrorista (odioso). De hecho, fue el señor pelícano quien nos previno de que el título de la novela era una canción de The Cure.

El señor caniche se quedó muy fuertemente impresionado con las escenas de violaciones y de torturas. Pero las comparó con las de La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa y éstas segundas le parecieron aún más desagradables. Destacó las descripciones. La descripción obsesiva y esperpéntico-expresionista de Arístides Lao ante todo, aunque las descripciones de su compañero Melitón Muria no le fueran a la zaga.

El señor salamanquesa destacó cómo estaba construida la novela (con capítulos breves, saltos espaciales y elipsis temporales) y nos contó a todos que el bar Texas (en el que Sara Arta y Teo Barbosa siguen charlando a la salida del envuentro sindical) existe. También destacó su carácter algo paródico de las novelas de espías, para empezar con los nombres de los personajes (Melitón Muria, el mismo Lao, Ponce Oms, tanto los espías gubernamentales como los terroristas cuyo nombre en clave es el de personajes de los cuentos infantiles)




Esto, por supuesto, es un resumen del que se excluyen las bromas, los chistes sobre compañeros de trabajo, los comentarios políticos que engarzan el libro con el presente -y que fueron largos, apasionados y fecundos como Dios manda (los adjetivos, no los comentarios políticos)-. Debo decir que todo el zoológico se lo pasó estupendamente, y una reunión de amiguetes-compañeros que en principio no iba a durar más de una hora se prolongó durante más de dos. Los camareros nos odiaban.


Me han comentado que Calvo es un melómano rockero, y que es un hombre al parecer dispuesto a disparar nombres de bandas sin límite de las cuales uno no suponía siquiera su existencia. Yo de esto la verdad es que no tengo constancia, aunque en su blog sí se ven enlaces y participaciones con largos artículos profesionales sobre grupos "raros" como The killing joke. Hace bastantes años, entre el final del instituto y los primeros dos o tres años de carrera, yo también era así, un consumidor de la Spiral, la Mondo Sonoro, la Rock de Luxe, la Ruta 66 e incluso, cuando me la dejaban (porque me gustaba menos), la Kerrang, que podía oír músicas inauditas para los demás. Qué coño, hoy sigo disfrutando con algunos solos de distorsión –y cuando digo distorsión, no digo de melodía con distorsión, sino ruido crudo- de los discos de Sonic Youth. Pero está claro que a otro ritmo; estoy más tranquilo. La melomanía de Calvo en esta novela, como decían los señores mandril y salamanquesa, es fundamental. Y por eso os enlazo con el blog del autor y con la revista electrónica en la que escribe.





No me cambiará la vida, pero afirmo rotundamente que he pasado muy buenos momentos -de risa, de tensión, de emoción- leyendo esta novela (de acuerdo, no soy el señor canario), y que he tenido algunas experiencias estéticas bastante interesantes. Así es que, por qué no, echadle un rato que no os arrepentiréis.

lunes, 4 de junio de 2012

Cómo organizar un club de lectura


Un grupo de lectura o club de lectura, ¿qué es? ¿Vives cerca de una biblioteca y te has detenido en alguna ocasión delante de un cartel que reclamara tu presencia en él, como los de reclutamiento yanki? ¿Qué se hace en esos clubes o clubs? ¿Se junta la gente para leer? ¿No es eso un poco lento? ¿Se juntan para escribir? ¿Se juntan? ¿Qué? ¿Qué?

Nota: Estas preguntas son una cretinez: en este blog hay veinte seguidores aproximadamente que son buenos lectores y que no necesitan que nadie les diga que en las bibliotecas no se degüellan ovejas vírgenes y quizá algún que otro lector intermitente. Los demás suelen entrar a pescar información seleccionada desde los buscadores y nunca leerán esta entrada.

Un club de lectura es un grupo de gente que se pone de acuerdo para leer. Igual que un club de pesca es un grupo de gente que se junta porque quieren pescar.

Pues bien, para quien no lo sepa, un club de lectura funciona de una manera muy sencilla. Por si a alguien le interesara montar uno en lugar de participar en uno ya consolidado, os digo cómo hacerlo en pocos pasos.

0. Elegid un grupo de lectores. El grupo sale mejor si los lectores tienen algo en común, salvo que lo convoque una institución como puede ser una biblioteca pública, que no es el caso. Tened paciencia: la gente se apuntará más desde la segunda o la tercera reunión.

1. Elegid el primer libro. El que más interés tenga por que se haga el club, que elija un título que pueda gustarle a casi todo el mundo. Es decir, narrativa contemporánea.

2. Elegid lugar y fecha para la primera reunión. Puede ser un sitio público, muy formal, como un aula o una sala de un centro de barrio, o bien algo más lúdico. Como se supone que un club de lectura es algo que la gente hace para divertirse y aparcar el mundo por unos instantes, yo recomiendo el bar. El bar es invencible. Y en el bar, pedid platos y tapas al centro, nada de un cubierto individual que eso fomenta el autismo.

Pongamos un ejemplo… Así pues, tenemos el inicio: X piensa que sería estupendo montar un grupo de lectura, así es que le manda un correo a sus amiguetes Y y Z y les sugiere empezar por el libro A. Pero Z ya se lo ha leído, así es que cambian al libro B. Quedan para dentro de tres semanas –tal día, cual hora- en el bar M a mediodía o por la noche. Y allí que van para tomarse unos pinchos y hablar del libro. X, para que la reunión no se estanque en un “a mí sí que me ha gustado” (que lo dirá Y, que es un entusiasta) vs “a mí no me ha gustado nada” (intervención de Z, que es un cenizo) se prepara un mínimo guión con unos diez aspectos del libro sobre los que le gustaría hablar o que se hablara. Pueden ser cosas como el léxico, los personajes –en conjunto o en general-, las partes del libro, las ideas que el autor trata de transmitir, si ha querido ser irónico en algún fragmento, etc.

Los clubes de lectura tienen muchas variantes, es decir, que se pueden configurar de muchas maneras. ¿Un club más democrático? Desde la segunda reunión se aceptan propuestas y al final de la reunión, antes de irse, se vota el libro siguiente. ¿Un club más aventurero? Cada lector propone, por turnos, una lectura. ¿Un club más ordenado? El jefe del club hace una planificación de todas las lecturas. ¿Un club más popular? Sólo se eligen las lecturas entre libros de narrativa contemporánea en edición de bolsillo. ¿Un club más sesudo? Se aceptan poesía y ensayo.

En mi experiencia personal, debo decir que he participado en tres clubes de lectura con anterioridad, en Murcia primero, en un centro de día, después en Extremadura, más tarde en la Biblioteca regional en Murcia, y actualmente estoy en otro, en mi centro de trabajo. Y de veras que así las cervezas tienen mejor sabor. Y los libros mejor color.




viernes, 1 de junio de 2012

Un encargo difícil, de Pedro Zarraluki

Cuando vi Indiana Jones y la calavera de cristal no salí contento de la sala. Fue una auténtica lástima. Y además, una pequeña y rabiosa rebelión contra mí mismo. No sabía si debía estar muy cabreado o simplemente molesto. Pero el problema fue que no resultó sublime. Las dos veces que fui a ver Indiana Jones y la última cruzada salí del cine divertido, excitado, arenalinizado -perdón por la invención-, enamorado de Elsa -recuerdo aún ese inaudito bocado al labio del aventurero, poco antes de descubrirse que va a ser la traidora femme fatale-, odiando a los nazis y queriendo que mi padre fuera el doctor Henry Jones, si bien un poco ya se le parecía.

Eso fue con esa tercera entrega de las aventuras del arqueólogo. La pregunta, claro, es: ¿y qué tiene que ver el doctor Jones con la guerra civil española, con Pedro Zarraluki y con los encargos difíciles? Yo diría que ojalá el doctor Jones (hijo) nos hubiera ayudado a contener el golpe de estado, pero vista la película, la otra, la que no fue soberbia, Indiana Jones y los marcianos de ojos de almendra (también llamada por algunos Indiana Jones y la calavera de cristal con ojos de almendra), tal vez me daría miedo anticipar que el aventurero se habría aliado con los militares. Indiana Jones saludando a Franco, con un cierto humor, pero decididamente en su bando. Quien, en la guerra fría, antes de ser ejecutado -ejecución de pacotilla: esa escena se produce en el minuto veinte, aproximadamente, por convenciones cinematográficas no tiene viso ninguno de ser exitosa- grita "Viva Eisenhower" es un fanático estúpido, no el maravilloso personaje héroe de mis años de infancia.

La relación, claro está, no es esa. La relación es más simple, y es una pequeña obsesión mía que toma cuerpo conforme pasan los años y me doy cuenta de que, como dice mi amigo Juan Antonio, no leeré todos los libros, ni veré todas las películas: el libro -la película- debería ser sublime, pero ¡sólo es bueno, nada más! El puñetero horizonte de expectativas de Jauss e Ingarden. ¿Queréis saber qué es eso del horizonte de expectativas? No oigo las voces del respetable, pero como el blog es mío, o de la anciana, entenderé que sí y lo explicaré como buenamente pueda, porque no es una idea fácil. Los lectores somos personas que nos comunicamos con otras personas-lectores y demás medios que nos proporcionan información sobre los textos antes de leerlos (y enfrentarnos a ellos, y proporcionarles sentido a sus numerosos vacíos de significado) por nuestra propia cuenta. Además, hemos efectuado anteriormente numerosas lecturas que nos proporcionan conocimientos que presuponemos pueden sernos válidos. Ambos factores, sumados (información pre y para-textual y bagaje lector), hacen que nunca cojamos una lectura de la nada sino con una serie de expectativas, previsiones y/o deseos que pueden cumplirse o no.

Aquí es donde radica el problema y donde se puede por fin hacer que el doctor Jones (junior) estreche la mano de Markus (pese a ser filonazi) y de Benito (pese a ser un asesino y un ex-anarquista). Cuando comenté a mis amigos que La historia del silencio me había gustado pero que, por desgracia, me había dejado la sensación de poder ser más, estos lo entendieron. José Oscar registró en los comentarios de aquella entrada su cercanía y su gusto por aquella novela, que, además, curiosamente, es una de las entradas más transitadas de este blog, a lo mejor por las búsquedas selectivas que suponen la mayor parte de su tráfico. La segunda parte, cuyo resultado fue de mayor extrañeza, era el comentario de que iba a comenzar una novela que pesqué en casa de mis padres: Un encargo difícil, de nuevo de Zarraluki. "Si no te ha encantado la primera, no pierdas el tiempo" era el comentario más escuchado. De nuevo el tempus fugit y el consumo cultural.

Pues empecé a leer Un encargo difícil. En pocas palabras, su argumento es el de unos personajes exiliados en un islote miserable -al menos en ese momento, desconozco si hoy algún edil ha decidido embolsarse algunos millones construyendo allí el Pajera Ressort o el Caraja Hills- del archipiélago balear a final de la Guerra Civil Española. En la islilla de Cabrera es donde confluyen varias vidas: la de estos dos personajes, la de un extremeño que lidera un misérrimo cuartel militar, la de dos refugiadas-exiliadas políticas, madre e hija republicanas, la de un pescador que pierde la memoria en tierra, etc.





 (Imagen tomada del blog del escritor Pablo Martín Carvajal)




Para mí, esta novela se estropea en su último tramo. El final de Una historia difícil parece resolverse con un -amargo, no voy a desvelar aquí por qué- deus ex macchina, y deja un poso de comedia barroca en la que los graciosos se casaran entre ellos y los segundos galanes y damas también, por no hacer feo. La isla entera, por no decir la novela entera, rebosa una amabilidad que a mí no me ha gustado, si bien es cierto que la novela soporta una revisión histórico crítica a la perfección, y lo mismo pasaría si se analizara la verosimilitud de los sucesos que en ella se cuentan. (Ahora bien, la verosimilitud de los sucesos de una novela histórica reciente está sometida, inevitablemente, a una perspectiva política.). Un personaje, la cantinera, filosofa, pero desde su sanchopancismo y con el contrapeso de un marido que le pega; esa violencia queda en el aire: ¿el narrador la olvida, el escritor la acepta o la soslaya, o simplemente la testifica? Los asesinos tienen escrúpulos, y los mandos franquistas militares (los pequeños) son prácticos y humanos más que dictatoriales y necios. En la novela no hay peso sin contrapeso. Y eso es precisamente lo que a mí no me convence. En la novela, y esto es una apreciación totalmente personal, el escritor se da en cuanto ofrece un libro. Qué escribe tiene sentido, y qué no escribe también tiene sentido.

Se me ocurre lo siguiente: al leer esta novela he pensado en una película que he visto varias veces y que siempre me ha gustado bastante, que es Mediterráneo, de Gabriele Salvatores. Pero Mediterráneo es la claudicación de los soldados en pos de la cultura mediterránea, mientras que en Un encargo difícil, por rizar un poco el rizo y volverme un poco pedante, a mí me parece que la cultura mediterránea claudica en pos de una pacificación o sedación. En España, el problema de la sedación, ahora que Garzón ha sido retirado de la judicatura y de que no hay más que 90 casos de fraude fiscal en todo el país, es el de la poca fe. Desde ese punto de vista, a algunos nos escuece especialmente encontrarnos con -aunque sea poco- el maldito buenismo. La justicia es la justicia, y mirar para otro lado es sólo pecar de cortoplacismo dejando nuestras responsabilidades para los que vengan después. Cuando vivo, lo hago políticamente, así como cuando leo y cuando hago muchas otras actividades en mi vida. La política, sea la que sea, es un posicionamiento vital. Personalmente no busco una novela de la revancha, pero tampoco una de la tabula rasa, y para mí (y repito, sigue este siendo un juicio totalmente personal) esta novela lo es. Y lástima que me da decirlo, porque algunos pasajes son auténticamente poéticos. (Otros, melodramáticos, otros sólo funcionales) y, como en La historia del silencio, el narrador tiene talento y también lo tiene el prosista.

¿Se le nota la costura a esta novela? Su estructuración de breves fragmentos está bastante bien llevada a cabo (no tan bien como en Bariloche, de Andrés Neuman pero también bastante bien), pero hacia el final... Bueno, un poco sí se le nota que es un constructo hacia el final. Este, el que quiera que sea -nada de desvelarlo-  es previsible. Los giros de los personajes también, aunque su identificación con símbolos les dé mucha más carga poética...

En fin, yo creo que es una novela razonablemente buena, bien escrita, pero éticamente me ha repelido un poco su visión del mundo; a lo mejor no la he entendido. Pero mientras tanto, dejo a Zarraluki en el aire y me dedico a terminar Las uvas de la ira, que aún le faltan trescientas páginas.


viernes, 25 de mayo de 2012

Escasa actividad del blog

Una gran disculpa me cabe para mis pocos y buenos lectores, que me han llegado a decir "Me paso por aquí cada dos o tres días a ver si has escrito algo; últimamente estás escaso, ¿eh?". Llevo unas semanas sin pasar por aquí y sin escribir nada. Tengo algunos libros por comentar (Un encargo difícil, El jardín colgante) y mucha música que compartir. Tengo que llorar públicamente por no poder ir al Sonisphere esta tarde, y comentar mis primeras ideas sobre Las uvas de la ira.

¡A ver si tengo un ratillo!


viernes, 13 de abril de 2012

El secreto de Christine, de Benjamin Black


A lo mejor aún queda alguien en el mundo que no sepa que Benjamin Black es la personalidad literaria alternante de John Banville cuando le apetece escribir novela negra. Para ti, que aún no lo sabes, va esta nota introductoria. Para todos los demás, la entrada.

Un día leí en las páginas de Babelia sobre Benjamin Black y lo que leí daba ganas de salir corriendo disparado hacia la librería más cercana (Diego Marín en mi caso) y pedir el libro para empezar a leerlo según se regresaba a casa. O, más bien, dado que el Babelia me lo suelo llevar de casa de mi padre al día siguiente y se publica el domingo, lo que sugeriría esa maravillosa reseña sería ni más ni menos que arrodillarse ante los mostradores cerrados y plantar la tienda de campaña para ser el primero que tuviera semejante maravilla.

Los críticos exageran.

(Yo, que lo soy de medio pelo, lo hago.)

¿Banville o Black? Foto de El País tomada de www.elpais.com


El secreto de Christine (vaya título más anodino, por el amor de Dios, con lo bonito que es el original Christine Falls con su juego de palabras a partir de que Falls es apellido pero también significa homónimamente como verbo algo que tiene que ver con la trama) es una buena novela negra. Pero no es el final del mundo. Y no es Los infinitos. No he podido dejar de compararla con Los infinitos, lo siento. Son géneros diferentes, lo sé, pero es que son tan distintas y aquella me gustó tanto que ésta, sin estar en las antípodas, sin ser aborrecible ni fastidiosa ni un peñazo -repito que no es una mala novela- no es tanto como aquella.

Sobre qué trata no debería hablar mucho. A fin de cuentas una novela negra basa parte de su interés y de su mérito literario en la construcción (y reconstrucción) de la trama, con unos sucesos de los que el lector y los personajes saben más bien poco pero que a simple vista no asemejan nada bueno. Únicamente diré que tiene que ver con las investigaciones de un patólogo forense, Quirke, sobre el destino de una chica recién fallecida cuyo informe parece estar burdamente corregido. A partir de ahí, un mundo. (No he desvelado nada nada nada, lo juro.)


Benjamin Black hablando sobre Christine Falls

Una novela negra, a mi juicio, también debe contener una buena ambientación espacial. ¿Christine Falls la tiene? Dublin en los años 50 es la ciudad elegida. Echo en falta una referencia a la guerra mundial, la verdad, aunque mi inclutura histórica me impide tener un fundamento claro de si Irlanda sufrió directamente el infierno de la guerra o no, y no estoy dispuesto a bucear en la wikipedia para pescar un dato que olvide cinco minutos después de publicar esta entrada, al menos un poco de dignidad; de cualquier modo, con Irlanda bombardeada o no, el mundo entero y la historia del pensamiento habían cambiado radicalmente y no creo que la Irlanda de unos cinco a diez años después existiera en una dimensión independiente. Sólo a final de novela hay alguna mínima mención.

Los pequeños decorados también son fundamentales. Aquí hay tabernas, callejones, grandes mansiones frente a un mar amenazador, un mar de denuncia. (Moss Manor es escalofriante.); está el hospital, la luminosa obstetricia y la lúgubre morgue de los personajes que son unos dióscuros de un Zeus que es el juez. ¡Redactando estas líneas me doy cuenta de que este Banville es un enamorado de la mitología! Pero es que también se puede hablar de un Edipo, de una Amaltea, etc.

Los personajes ofrecen luces y sombras. Normalmente están definidos por muy pocos trazos característicos sobre los que el narrador hace un ostinato musical (la cojera y corpulencia de Quirke). No me ha gustado la pobreza de personajes secundarios (aunque sean estupendos hay muy pocos, como Andy y Claire, Costigan, el poeta, Brenda Ruttledge o Philomena, qué bonito el personaje de Philomena) ni tampoco la reutilización constante de personajes para todas las subtramas, que me ha dado la impresión de que los personajes acaben siendo chicos para todo, actores sobreempleados. Psicológicamente se puede decir que son muy buenos. Y muy fumadores y bebedores, jaja. Qué bien que se haya dejado memeces políticamente correctas: todos los personajes fuman -salvo un abstemio que es peligrosísimo, jaja- y beben bastante. Quirke lucha contra su alcoholismo antes que contra ningún complot ni enemigo. Rose es estupenda, Phoebe es muy real como joven contestona. Malachy es pétreo, y Andy y Claire son simplemente magistrales. (Qué maravillosa es su pequeña historia, simplemente no hay palabras para describirla.)


Tráiler subtitulado de Albert Nobbs, con guión de Banville


Banville es un amo de las palabras. Yo esta novela la he leído en traducción, así es que en realidad lo que me he metido al cuerpo ha sido una suma de ideas de Banville, de estructuras de Banville y de palabras de su traductor. (Esto en estudios literarios se llama inventio, dispositio y elocutio, por si a algún depravado le causa curiosidad). La traducción de la novela es buena, pero no brillante. Hay algunas partes donde los significados quedan muy ambiguos (no sé si es la intención de Banville, bien captada por su traductor, pero parece que no crea un efecto muy llamativo, lo que me lleva a pensar en un fallo de traducción), y otras en que se repiten palabras innecesariamente, aunque de nuevo podría ser cuestión de Banville.

Pues eso es todo; por el momento prefiero a Banville antes que a Black, pero no es un mal libro, vaya que no. Las primeras cien páginas cayeron en una tarde relajadamente en casa, y tras esto ha acabado leyendo mientras paseaba a la perra por la calle, en la sala de espera de un hospital, en la playa... Quizá necesité menos luz y más humo, frío y whiskey. El caso es que pienso que ¡con la ley antitabaco complicado va a ser!




jueves, 12 de abril de 2012

Trouble and Strife, por The Hillbilly Moon Explosion

Descubrimiento de D. Ángel Carmona y de D. Diego RJ, cortesía de Radio 3.