Blog literario idiota de Andrés Nortes Martínez-Artero. Literatura y rock en vena. Y alguna cosa más

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sábado, 18 de abril de 2015

Pantalla

Pantalla

Desde la ventana se oía el ruido de la pelea. Gritos y latigazos de carne en carne, o hueso en hueso, porque las otras combinaciones eran sordas. Sonaban a adolescentes por sus voces aún no redondas. Con suerte, no llegarían muy lejos. Pero con los chicos nunca se sabía. Cuando acabaron, quince minutos después, cogió la correa del perro y el perro, la basura, el tabaco y una rebeca. Salió a la calle, las pantuflas en los pies.



martes, 3 de febrero de 2015

Metamorfo

Metamorfo

 A Juan de Pablos


La noche era fría, y la faringitis era insistente. La velada iba a ser rala, y los diálogos previsibles. Las bebidas eran excitantes, y la compañía rutinaria.

El locutor dijo que la canción era suntuosa.

La noche se hizo suntuosa, y el viaje de vuelta suntuoso. La ciudad solitaria se hizo suntuosa, y la noche suntuosa. Y la vida también, cuatro o cinco minutos, se hizo suntuosa.



lunes, 27 de mayo de 2013

Lluvia en Murcia

Algunas mañanas el cielo en Murcia está cubierto. En las rotondas, reubicándose en menos coches, o a la salida de sus portales, la gente mira preocupada hacia arriba con el corazón lleno de dudas. El día va a estar plagado de los peores augurios, esto es, de las desgracias que son fácticamente posibles: dejarse las llaves en casa, recibir un no de la distribuidora, tener un aire insípido en el bar o a la vuelta, entristecerse y dejar caer una lágrima sin motivo aparente. No llueve, casi nunca lo hace. Sólo llueve el color del cielo hacia el color de las cosas.



domingo, 26 de mayo de 2013

Discontinuas

Por la vieja calzada caminábamos, ambos en silencio, sin decirnos nada porque no había nada que decirse o porque todo lo importante ya estaba dicho y no era caso de perder tiempo ahora en banalidades. Íbamos por el centro de la calle, la ciudad estaba vacía; no aparecería de repente un pesado en coche a comprar el periódico, ni una ambulancia: teníamos muy controlados los tiempos y los espacios de ese lugar, así es que ni ellos iban a ser objeto de charla. Caminábamos en silencio. Me fijé en que, ampliando la calzada, habían pintado una nueva línea discontinua. En el límite de la ciudad, la calle llevaba a ninguna parte. Ambos caminábamos, y cada uno lo hacía sobre su recta discontinua, ambas paralelas, las líneas que solo en el infinito se juntan, dondequiera que esté eso.




martes, 14 de mayo de 2013

Una ventana

Una ventana

Una ventana abierta es una invitación a lo que será y también a lo que no será. Susana caminando, su cabello angélico al vuelo, su acérrimo trasero, se girará, sonreirá. Susana caminando, su cabello angélico al vuelo, su acérrimo trasero, continuará camino, nunca se volverá.


(c) El cuentacuentos

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Ejercicio de escritura

Ejercicio de escritura

1. Dispóngase del suficiente tiempo para ser perdido.
2. Despliegue un individuo, mezcla de ignorante e impresentable delante de usted, en el uso de un único ordenador compartido para setenta personas.
3. Provéase de algún dolor crónico (de rodilla, de espalda, de cabeza).
4. Retenga los horizontes: usted no quiere escribir una obra (una Obra) literaria. Caso de quererlo, no puede. Simplemente no es capaz.
5. Asista con entereza al repetido clic en el botón del ratón para subir y bajar la página web del diario deportivo más popular en su país. Recuerde -¡como si pudiera no hacerlo!- que el terminal está ocupado por un individuo cuyo sexo, por más que la lengua nos traiciones, es cualquiera de los posibles.
6. Vuelva a poner la capucha a su bolígrafo. Si tiene un muelle, oprima el botón superior. Dé fin a este ejercicio.

(c) El cuentacuentos




miércoles, 13 de junio de 2012

Masaje

Masaje


-No, Laura. Esta tarde no. Tengo fisio.
-...
-Las cervicales. Es el que me aconsejó Leo. Estoy fatal. A veces me dan mareos y casi me caigo al suelo.
-...
-De verdad, esta tarde es que tengo la cita. Búscate a otro. María José creo yo que podrá; es más joven, no tendrá tantos rollos.
-...
-Tengo que ir. No me quiero pedir la baja. Y ya sé que no hay ningún problema, pero yo prefiero no pedírmela.
-...
-Y si vas muy apurada me puedes pedir el favor más adelante cuando quieras.
-...
-Pues ahí me has pillado. No sé qué hacer con ellos, por ahora, porque es que son muy pequeños.
-...
-No, mis padres murieron.
-...
-No pasa nada.
-...
-No, tampoco. Trabajan hasta tarde; todo el edificio es de gente que trabaja todo el día. Hay un chico nuevo, pero no lo conozco como para dejárselos.
-...
-Tuve malas experiencias.
-...
-Nada, una chica con la mano un poco larga y amistad por lo ajeno.
-...
-La verdad es que sí. Es una locura. Por ahora no sé qué hacer con ellos. Y... Espérate que piense... ¡Esa noche tengo junta de vecinos!
-...
-Ya, si no voy casi nunca, pero es que hay un vecino que no paga y la cosa está un poco tensa. Manuel no puede ir, vuelve más tarde a casa.
-...
-Madre mía, la junta de vecinos, no había caído, qué olvido.
-...
-Déjalo. Voy yo. Ya se me pasará solo.


(c) El cuentacuentos




viernes, 28 de octubre de 2011

Reto literario "Constituyen pandemia"

Es una tonta idea que se me ocurrió y que mi amiguete Pedro López Manzano (creeloquequieras.blogspot.com) ha comenzado con dos enormes (y minúsculos) relatos. Para más información (y más y mejores cuentos que el que hay abajo), pinchad en su blog o AQUÍ.




Constituyen pandemia III. Perversa Pandemia

Perversa pandemia

Constituyen pandemia mis deseos de verte, sólo una vez cada mes; pandemia de mis pensamientos y de mis actos; constituyen pandemia las toxinas que libera en mi cuerpo el no tenerte cada tarde en nuestra alcoba; constituyen pandemia los ánimos repetidos y las repetidas autoinoculaciones de ánimo tras cada palabra de ánimo que los demás me dan.

Pero también constituyen pandemia las miradas que no puedo evitar a los otros hombres; pandemia los futuribles pánicos de una hembra fuerte y valiosa como yo; pandemia las mañanas de sábado masturbándome ante el espejo, en el baño, abrazada por increíbles cualquieras. Constituyen pandemia las paralelas de mi pensamiento que confluyen en la triste idea de que no te amo a ti, sino que amo al Hombre.



(c) El cuentacuentos

miércoles, 19 de octubre de 2011

Las ausencias probadas

Las ausencias probadas

La suciedad que se acumula en las recónditas esquinas bajo las teclas de tu ordenador me hacía pensar en unos seres invisiblemente maleducados, que desarrollaran su vandalismo en el más desoído de los silencios y que comieran inadmisibles bocadillos de atún sobre mi herramienta de trabajo intelectual. Esos otros, que en realidad no necesitarían más que unos instantes de comprensión y abrazo o castigo y ejecución -tan simple se muestra a veces la respuesta a un tan gran mal-, me han hecho especular sobre las ausencias probadas.



(c) El cuentacuentos





jueves, 23 de junio de 2011

Verano

Verano

21 de junio de 2006

Hoy es cuando lo tengo anotado: que buscaré a otra, da igual quién, y le devolveré todo el odio que me ha hecho nacer dentro de mí con un único golpe certero, un disparo de francotirador, una respuesta refrenada y morosa en una clase que desconoce cómo contestar la pregunta del profesor iracundo que ha perdido la compostura, un diamante de pocos quilates y muchos cortes que se regala mirando hacia otro lado, hacia el gin tonic que espera en la barra del bar, una presión de fisioterapeuta que hace tronzarse un hueso y después llega el aluvión de endorfinas, o de vuelta al tirador, un artista marcial que en el celuloide no se quita las gafas de sol para, con un único gesto, desarmar, vencer y exterminar sin odio ni piedad al rival.

22 de junio de 2006

Sigo meditando el pequeño detalle de Manuel, en el que no había reparado: quizá no sea justo. Voy a esperar un poco y a tomar una decisión, pero no mucho.


(c) El cuentacuentos




martes, 10 de mayo de 2011

Te escribo desde el bar donde trabajo, donde el jefe tiene un ordenador

3 de julio de 2004

Esta noche me ha pasado que De buenas cenas están las sepulturas llenas, pero mañana por la mañana tengo que A quien madruga Dios le ayuda. No es lo que más me guste, soy ingeniero aeronáutico, pero A buen hambre no hay pan duro. Y dura será mi mañana en el bar, sí, con tanto curro. Sobre todo trabajando para gente inepta que todo lo reduce a Burro grande ande o no ande, y que Músico pagado toca mal son.

En esas estamos, pero él tiene una hija, y está empeñado en que vaya a la universidad, ya se sabe que Madre holgazana hace hija cortesana, aunque, de ti para mí, Hermosura sin talento, gallardía de jumento. Por lo menos, Por donde... Bueno, tú ya sabes.


Un abrazo. Cuando tenga dinero, volveré.



PD. Te mando el correo una semana después, no se mandó y se me quedó guardado en Borradores y para qué eliminarlo... Ahora te reirías de mí, posiblemente lo hagas. Me he enamorado; ella, no. Ahora pienso que me puedo haber portado como un A cada cerdo le llega su san Martín, y que viéndola cada día entre los fogones con sus libros,  ella -Ainhoa se llama- parecería que Al freír será el reír.


 

jueves, 14 de abril de 2011

La adicción de Tetsuo

La adicción de Tetsuo

No me gusta, pero tomo el café porque la vida se me hace más larga de lo que mis rodillas de viejo maratonista me permiten. Entonces el día me exige una dosis mayor, y apenas dos horas después, me tomo un té, porque otro (café) me mataría el sueño. Con el segundo (té), aporreo las teclas del ordenador como Jerry Lee Lewis las de su piano. (Al menos, uno de los dos con gracia.) Poco después asalto la nevera en busca de chocolate. Salvo caliente y líquido, no es relajante sino todo lo contrario. Podría gritar como Tetsuo –en Akira-, y arrasar toda Murcia.

Antes de dormir, una taza de InfuRelax (hierba luisa, melisa, tila y valeriana)… Adictos. Al final no somos más que adictos de la fiebre, de nuestra idea de la fiebre.




(c) El cuentacuentos.

martes, 12 de abril de 2011

Final de jornada

Final de jornada

Después de la reunión has tardado en dejar la Sala de Juntas. Has mirado sin mirar a izquierda y derecha, aunque preguntada en ese instante no supieras decir quién quedaba aún en el cuarto. Te has alisado la falda y, distraída, has aplanado tu media melena lacia. Ya tenías el cabello graso, y bajo tus ojos brillaban las ojeras con el color de las noches acortadas. Has llevado tu inane carpeta a tu pecho exhausto. Y te has marchado en la convicción de que no has dejado huella de tu ausencia.



(c) El cuentacuentos




martes, 15 de marzo de 2011

Discontinua

Discontinua

No, amor, que no, que no pasa nada, por aquí policía casi nunca, aunque más bien serán civiles, y lo tengo con el manos libres. Lo de la subida de los tipos de interés, ¿lo has oído?

¿Amor?

¿Amor?

¿Amor?

¿Amor?

Sólo una montaña, la cobertura. La subida del interés, ¿lo has oído?

¿Amor?



(c) El cuentacuentos




martes, 15 de febrero de 2011

El collar (II)

El collar (II)

Por la forma del estuche en que venía, supe desde el primer momento que se trataba de un collar. Amaba verme desnuda en las sábanas limpias, oscuras o claras, vestida sólo con alguno de los que me regalaba, de plata, con un pequeño diamante, nunca de oro; a veces también con alguna ropa interior inútil salvo en plausibles cuantos de vida, o con unos Manolos que me hacían daño aunque costaran como más de dos de mis antiguos sueldos. El collar brillaba y vibraba en sintonía conmigo, éramos una música igual. Entonces terminábamos y caía rendida y dormía, pero antes de soñar me lo quitaba y lo dejaba en la mesilla, el collar.


(c) El cuentacuentos




El collar

El collar

El perro, lógicamente, no pensó en que el collar fuera necesario para evitar su huida, porque se huye de una prisión cuando se conoce el concepto de libertad y se intuía evolutivamente lastrado para esos menesteres. Sí pensó que le hacía juego con la ferocidad de sus dientes, con la rotunda musculatura que emergía de su brillante pelo recién cortado y con su gran altura de cruz, y pensó también que cuando fuera paseado por la urbanización sería la envidia de los demás perros y el anhelo de todas las perras, hasta las de razas pequeñas, a las que se podía permitir ignorar. En verdad, podía permitirselo con todas. A veces.


(c) El cuentacuentos




martes, 25 de enero de 2011

El caballo de Ed y de Simon

El caballo de Ed y de Simon

En la extraña sensación de verse azogado por una agenda insensata y estúpida, de repente se oyen unas varillas acariciando el charles de una batería, muy de tanto en tanto su ride, y un piano esparciendo con suavidad algunas disonancias en veste de cromatismos, como un contrabajo grande como el universo; un pequeño aunque importante tiempo ha pasado y no es hasta entonces, dos o doscientos minutos después, que uno se da cuenta de que la canción es el Caballo viejo (o de la sabana) en una versión de Ed Simon y Mark Turner, o de Ed Turner y Mark Simon, tanto da. No parece tan mala canción; ni mucho del día queda por delante para regresar a casa.

(c) El cuentacuentos




jueves, 13 de enero de 2011

Niño tonto a adulto tonto (I)

Niño tonto a adulto tonto (I)

Cuando era adolescente, entre otras estupideces, me preguntaba cuál de los contendientes debía vencer en el combate: a un lado del ring se encontraba una peluca de largos cabellos lacios; al otro, un tocado de rizos naturales. Hoy mi mujer lleva el pelo corto. Qué cosas.


(c) El cuentacuentos

jueves, 14 de octubre de 2010

Entre la espada y la pared

Entre la espada y la pared

- Entonces... ¿te quedas? -le preguntó en la fiesta.


(c) El cuentacuentos & Anónimo Moomin