Otro que mordió el polvo. Qué gran rock se va perdiendo. Aunque por suerte el rock es un virus que cuando mata a su anfitrión no muere con él, sino que salta a otro cuerpo.
Blog literario idiota de Andrés Nortes Martínez-Artero. Literatura y rock en vena. Y alguna cosa más
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lunes, 29 de abril de 2013
Here comes trouble, de Lazy cowgirls
Dedicado a mi chica y a su perezosa amiga jerezana.
Otro que mordió el polvo. Qué gran rock se va perdiendo. Aunque por suerte el rock es un virus que cuando mata a su anfitrión no muere con él, sino que salta a otro cuerpo.
Otro que mordió el polvo. Qué gran rock se va perdiendo. Aunque por suerte el rock es un virus que cuando mata a su anfitrión no muere con él, sino que salta a otro cuerpo.
viernes, 12 de abril de 2013
Libertad, de Jonathan Franzen
... y Richard Katz para mí, es decir Dax Riggs. We sing of only blood and love.
No os perdáis la novela, la bellísima novela, de Franzen. En otro momento escribo unas palabrillas sobre ella.
No os perdáis la novela, la bellísima novela, de Franzen. En otro momento escribo unas palabrillas sobre ella.
jueves, 24 de enero de 2013
viernes, 23 de noviembre de 2012
Patricia Moon
Un descubrimiento de Discópolis, el programa de José Miguel López de Radio 3. Como poco, curioso. No sé si me gusta la voz de Patricia, pero me llama poderosamente la atención verla tocar el violín y grabar pista tras pista con la pedalera
jueves, 15 de noviembre de 2012
Pick up the change, por Wilco
No es de los mejores discos de Wilco, pero sí es una pequeña sorpresa en un disco que transita de REM al country menos... menos de mi gusto, vaya.
Y, por qué no, una versión en directo.
If it's just your heart talkin', I don't mind
If you wanna call me, darlin,' that's just fine, that's just fine
But if it's your mind that's wanderin', it'll fall in line
When I kiss your cheek, dear, everytime, everytime
We used to have a lot of things in common
But you know now we're just the same
You always had more than I really wanted
Oh honey, help me Oh honey, help me pick up the change
If it's just your heart talkin',I'll listen every time
Dear, you can talk my ear off, anytime, anytime
But if my mind starts wanderin', won't be gone long
Whenever I hear your heart talkin', it's a song, it's a song
We used to have a lot of things in common
But you know now we're just the same
You always had more than I really wanted
Oh honey, help me Come on honey, help me pick up
Oh honey, help me pick up the change
Oh honey, help me Come on honey, help me pick up Oh honey, help me pick up the change
Y, por qué no, una versión en directo.
If it's just your heart talkin', I don't mind
If you wanna call me, darlin,' that's just fine, that's just fine
But if it's your mind that's wanderin', it'll fall in line
When I kiss your cheek, dear, everytime, everytime
We used to have a lot of things in common
But you know now we're just the same
You always had more than I really wanted
Oh honey, help me Oh honey, help me pick up the change
If it's just your heart talkin',I'll listen every time
Dear, you can talk my ear off, anytime, anytime
But if my mind starts wanderin', won't be gone long
Whenever I hear your heart talkin', it's a song, it's a song
We used to have a lot of things in common
But you know now we're just the same
You always had more than I really wanted
Oh honey, help me Come on honey, help me pick up
Oh honey, help me pick up the change
Oh honey, help me Come on honey, help me pick up Oh honey, help me pick up the change
Muy, muy hermoso.
domingo, 7 de octubre de 2012
Pour some sugar on me, de Deff Lepard
Que no se diga, un poco de dulce Rock and Roll para desengrasar y en nada empezamos a subir las critiquillas de andar por casa que pueblan el blog.
domingo, 26 de agosto de 2012
El país del miedo, de Isaac Rosa
Una más que le debo al buen Juan Antonio.
Estaba en Burgos -ciudad que tiene una buena proporción de librerías por habitante, cosa que no puedo decir, de otras en las que he vivido como, por ejemplo, de Antequera- buscando El viajero del siglo en bolsillo. Quería reforzar el género novela de mi equipaje, puesto que, cuando estoy de viaje, sólo tener libros de un género me pone un poco nervioso. Así es que, con mi perra Raspa y con la señora Cuentacuentos, me di unas vueltas por la ciudad, cámara en mano. Y en la primera librería que me topé, desordenada y evocadora, como no tenían la de Neuman, me llevé la de Rosa. (Luego entré en otra y también me llevé la de Neuman, joder, 20 euros por decenas de horas de grandeza, con los libros sales ganando siempre.)
(Imagen tomada de la web y tienda online casadellibro.com)
Pues debo decir que esta novela ha sido, ante todo, adictiva. No es una novela-thriller, o no lo parece, pero no puedes parar de leerla. Al menos yo no podía. Su escritura es muy especial: parece sencilla, parece clara, sobria... Pero en realidad no lo es, en absoluto. Contiene en cada uno de sus breves capítulos una de estas dos posibilidades: la primera, una micro-meditación sobre alguna de las facetas del miedo (los distintos miedos, los distintos sufridores del miedo, los distintos causantes del miedo, la naturaleza del miedo, etc.) expuesta de una manera breve y tan completa -a veces parecen catálogos de los horrores, como Homero hacía con los catálogos de los héroes de Troya que uno se sorprende leyendo ese tratado tan interesado como si fuera la propia ficción. La segunda, la propia ficción, interesante y muy depurada, con un mínimo de personajes, algunos de ellos sin nombre pero con muchos interrogantes, tiempos y espacios.
De los capítulos y de su estructura también hay que decir un par de cosas. La primera de ellas es su concisión, que facilita la lectura. Hace mucho tiempo que la mayor parte de mis lecturas constan de capítulos breves. No es que los considere algo bueno o malo, ni mucho menos, al igual que no pienso que una novela de mil páginas sea peor que una de trescientas o un cuento de diez mejor que una novela. Simplemente es un hecho el que, con una vida un tanto agitada como la que muchas personas llevamos, una segmentación más frecuente resulte en un mejor acceso a la Literatura. Hablando en plata: cuando no tengo tiempo para ver El padrino, me pongo un capítulo de The wire. No digo que una sea mejor que la otra. (Aunque, con toda la competencia que hay en el mundo del cine, tal vez aún deba llover un poco para saber si The wire alcanza en su mundo las cotas que El padrino ha alcanzado en el suyo). Cuando sí lo tengo me pongo El padrino. O Camino a la perdición.
La segunda observación sobre los capítulos es su bipolaridad, como adelantaba arriba. Con la disculpa de no tener el libro delante (los libros hay que dejarlos, sobre todo los de bolsillo, ¡menos fetichismo y menos racanería!) y la posibilidad de equivocarme, diré que todos los capítulos impares tratan sobre una historia de ficción y todos los pares (o viceversa) conforman una tratado psico-sociológico sobre el miedo.
¿Es El país del miedo una novela de tesis sin tesis? Jeje, vaya tontería de idea, podéis pensar. Pues quizá... Isaac Rosa no parece tratar de convencernos de nada (si acaso, un no excesivo poso ideológico interesante), de ninguna tesis. Sin embargo, su hombrecito-marioneta no deja de resultar un fuerte argumento para sus ideas, o al menos un modelo o un ejemplo. Como quiera que sea, ambas partes de la novela funcionan juntas a la perfección.
La entrada a la historia principal resulta magistral. Es lenta, falsa, pausada, oscura... Esa demora de unas veinte páginas es de un maestro narrador. Seguramente Rosa puede o debe aún escribir su gran novela, aunque esta ya sea realmente interesante y original. Estoy a la espera de tener un rato para leer esa otra que escribió sobre el mundo del trabajo y de los trabajadores en el trabajo -no como hacía Galdós, que le aburría narrar a sus personajes dando un martillazo-. Si es al menos tan buena como esta, va a merecer mucho la pena.
viernes, 13 de julio de 2012
Love, love, love, de The Queers
Otra de música, otro bombazo, o al menos eso creo. Que os guste.
Trouble! Trouble! It was all she was looking for!
Trouble! Trouble! It was all she was looking for!
martes, 10 de julio de 2012
domingo, 24 de junio de 2012
Should I stay or should I go, de The Clash, por Mick Jones
¡Venerable Mick Jones! ¿Cuántos años tenía en el 77, unos veinte? Madre mía, qué bien. Bendito Mick. Y sobre todo, bendito Joe: por ti, creería en el cielo. Un día subiré algunas canciones tuyas que ya todo el mundo conoce.
jueves, 21 de junio de 2012
Me llaman Calle, de Manu Chao
Después de poner un tema de Eugene Hütz y sus muchachos del Burdel Gogol, hoy toca volver al (pequeño) maestro. Este vídeo es precioso.
lunes, 11 de junio de 2012
Sun is on my side, de Gogol Bordello
Me encantan Bad Religion, pero me irrita demasiado la razón por la que he enlazado su vídeo. Aquí va algo para olvidar a esos canallas (¡no me refiero a Bad Religion, no!), y empezar a ver la vida con otros colores. Bellísima.
sábado, 9 de junio de 2012
Vídeos caseros. Sail, por Awolnation
Primero, el original.
Luego, el impagable (y mucho mejor) casero.
¡Juzguen ustedes!
jueves, 7 de junio de 2012
Never come back to me, por The joykiller
He aquí un grupo que no le gustaba prácticamente a ninguno de mis amigos (y mira que todos mojamos en el punk melódico de los vástagos de Epitaph), pero que a mí me volvía loco, con ese sonido de guitarras tan especial, ¡una auténtica fuzz-box!
Dejo, además, una web desde la cual podéis seguir todos sus vídeos en youtube.com.
Espero que os guste un poco ese sonido crudo, un poco a la manera de un Jack White acelerado.
viernes, 13 de abril de 2012
El secreto de Christine, de Benjamin Black
A lo mejor aún queda alguien en el mundo que no sepa que Benjamin Black es la personalidad literaria alternante de John Banville cuando le apetece escribir novela negra. Para ti, que aún no lo sabes, va esta nota introductoria. Para todos los demás, la entrada.
Un día leí en las páginas de Babelia sobre Benjamin Black y lo que leí daba ganas de salir corriendo disparado hacia la librería más cercana (Diego Marín en mi caso) y pedir el libro para empezar a leerlo según se regresaba a casa. O, más bien, dado que el Babelia me lo suelo llevar de casa de mi padre al día siguiente y se publica el domingo, lo que sugeriría esa maravillosa reseña sería ni más ni menos que arrodillarse ante los mostradores cerrados y plantar la tienda de campaña para ser el primero que tuviera semejante maravilla.
Los críticos exageran.
(Yo, que lo soy de medio pelo, lo hago.)
¿Banville o Black? Foto de El País tomada de www.elpais.com
El secreto de Christine (vaya título más anodino, por el amor de Dios, con lo bonito que es el original Christine Falls con su juego de palabras a partir de que Falls es apellido pero también significa homónimamente como verbo algo que tiene que ver con la trama) es una buena novela negra. Pero no es el final del mundo. Y no es Los infinitos. No he podido dejar de compararla con Los infinitos, lo siento. Son géneros diferentes, lo sé, pero es que son tan distintas y aquella me gustó tanto que ésta, sin estar en las antípodas, sin ser aborrecible ni fastidiosa ni un peñazo -repito que no es una mala novela- no es tanto como aquella.
Sobre qué trata no debería hablar mucho. A fin de cuentas una novela negra basa parte de su interés y de su mérito literario en la construcción (y reconstrucción) de la trama, con unos sucesos de los que el lector y los personajes saben más bien poco pero que a simple vista no asemejan nada bueno. Únicamente diré que tiene que ver con las investigaciones de un patólogo forense, Quirke, sobre el destino de una chica recién fallecida cuyo informe parece estar burdamente corregido. A partir de ahí, un mundo. (No he desvelado nada nada nada, lo juro.)
Benjamin Black hablando sobre Christine Falls
Una novela negra, a mi juicio, también debe contener una buena ambientación espacial. ¿Christine Falls la tiene? Dublin en los años 50 es la ciudad elegida. Echo en falta una referencia a la guerra mundial, la verdad, aunque mi inclutura histórica me impide tener un fundamento claro de si Irlanda sufrió directamente el infierno de la guerra o no, y no estoy dispuesto a bucear en la wikipedia para pescar un dato que olvide cinco minutos después de publicar esta entrada, al menos un poco de dignidad; de cualquier modo, con Irlanda bombardeada o no, el mundo entero y la historia del pensamiento habían cambiado radicalmente y no creo que la Irlanda de unos cinco a diez años después existiera en una dimensión independiente. Sólo a final de novela hay alguna mínima mención.
Los pequeños decorados también son fundamentales. Aquí hay tabernas, callejones, grandes mansiones frente a un mar amenazador, un mar de denuncia. (Moss Manor es escalofriante.); está el hospital, la luminosa obstetricia y la lúgubre morgue de los personajes que son unos dióscuros de un Zeus que es el juez. ¡Redactando estas líneas me doy cuenta de que este Banville es un enamorado de la mitología! Pero es que también se puede hablar de un Edipo, de una Amaltea, etc.
Los personajes ofrecen luces y sombras. Normalmente están definidos por muy pocos trazos característicos sobre los que el narrador hace un ostinato musical (la cojera y corpulencia de Quirke). No me ha gustado la pobreza de personajes secundarios (aunque sean estupendos hay muy pocos, como Andy y Claire, Costigan, el poeta, Brenda Ruttledge o Philomena, qué bonito el personaje de Philomena) ni tampoco la reutilización constante de personajes para todas las subtramas, que me ha dado la impresión de que los personajes acaben siendo chicos para todo, actores sobreempleados. Psicológicamente se puede decir que son muy buenos. Y muy fumadores y bebedores, jaja. Qué bien que se haya dejado memeces políticamente correctas: todos los personajes fuman -salvo un abstemio que es peligrosísimo, jaja- y beben bastante. Quirke lucha contra su alcoholismo antes que contra ningún complot ni enemigo. Rose es estupenda, Phoebe es muy real como joven contestona. Malachy es pétreo, y Andy y Claire son simplemente magistrales. (Qué maravillosa es su pequeña historia, simplemente no hay palabras para describirla.)
Tráiler subtitulado de Albert Nobbs, con guión de Banville
Banville es un amo de las palabras. Yo esta novela la he leído en traducción, así es que en realidad lo que me he metido al cuerpo ha sido una suma de ideas de Banville, de estructuras de Banville y de palabras de su traductor. (Esto en estudios literarios se llama inventio, dispositio y elocutio, por si a algún depravado le causa curiosidad). La traducción de la novela es buena, pero no brillante. Hay algunas partes donde los significados quedan muy ambiguos (no sé si es la intención de Banville, bien captada por su traductor, pero parece que no crea un efecto muy llamativo, lo que me lleva a pensar en un fallo de traducción), y otras en que se repiten palabras innecesariamente, aunque de nuevo podría ser cuestión de Banville.
Pues eso es todo; por el momento prefiero a Banville antes que a Black, pero no es un mal libro, vaya que no. Las primeras cien páginas cayeron en una tarde relajadamente en casa, y tras esto ha acabado leyendo mientras paseaba a la perra por la calle, en la sala de espera de un hospital, en la playa... Quizá necesité menos luz y más humo, frío y whiskey. El caso es que pienso que ¡con la ley antitabaco complicado va a ser!
jueves, 12 de abril de 2012
Trouble and Strife, por The Hillbilly Moon Explosion
Descubrimiento de D. Ángel Carmona y de D. Diego RJ, cortesía de Radio 3.
viernes, 23 de marzo de 2012
Esta noche van dos
You can go your own way, de Fleetwood Mac
Otras canciones de Fleetwood Mac no me gustan mucho, pero la verdad es que esta es estupenda. Los pantalones del músico del fondo son impagables, igual que la batería con purpurina y la cara del baterista, por no decir el dramatismo de Lindsey o los ojos llorosos de Stevie. Pero ojo, no me río por reír tan sólo. En parte me río por envidia, porque a lo mejor a mí me habría gustado ser música en una época en la que se creía en algo, aunque fuera mera estética.
Jet airliner, de Paul Pena
Estuve tentado por poner la versión de ese pícaro llamado Steve Miller, pero es que la de Pena es alucinante, es un pequeño Hendrix, es una maravilla, es un pedazo de músico caído en la ignorancia. No me pondré medallas puesto que la encontré por suerte, pero eso, ¿a qué posmoderno internauta -empezando por mí- le importa?
Hale, disfrutadlas, que las de hoy son buenas. Y a quien no le gusten, que se saque la cera de los oídos, habrá que joderse...
Otras canciones de Fleetwood Mac no me gustan mucho, pero la verdad es que esta es estupenda. Los pantalones del músico del fondo son impagables, igual que la batería con purpurina y la cara del baterista, por no decir el dramatismo de Lindsey o los ojos llorosos de Stevie. Pero ojo, no me río por reír tan sólo. En parte me río por envidia, porque a lo mejor a mí me habría gustado ser música en una época en la que se creía en algo, aunque fuera mera estética.
Jet airliner, de Paul Pena
Estuve tentado por poner la versión de ese pícaro llamado Steve Miller, pero es que la de Pena es alucinante, es un pequeño Hendrix, es una maravilla, es un pedazo de músico caído en la ignorancia. No me pondré medallas puesto que la encontré por suerte, pero eso, ¿a qué posmoderno internauta -empezando por mí- le importa?
Hale, disfrutadlas, que las de hoy son buenas. Y a quien no le gusten, que se saque la cera de los oídos, habrá que joderse...
miércoles, 22 de febrero de 2012
Ball and chain, de Social distortion, con Eddie Vedder y Mike McCready
¡De nuevo Mr. Eddie Vedder!
A mi amigo J. Sé que le encantará.
La letra, de regalo.
Well it's been ten years and a thousand tears
And look at the mess I'm in
A broken nose and a broken heart,
An empty bottle of gin
Well I sit and I pray
In my broken down Chevrolet
While I'm singin' to myself
There's got to be another way
[Chorus:]
Take away, take away
Take away this ball and chain
Well I'm lonely and I'm tired
And I can't take any more pain
Take away, take away
Never to return again
Take away, take away
Take away
Take away this ball and chain
Well I've searched and I've searched
To find the perfect life
A brand new car and a brand new suit
I even got me a little wife
But wherever I have gone
I was sure to find myself there
You can run all your life
But not go anywhere
[Chorus:]
Take away, take away
Take away this ball and chain
Well I'm sick and I'm tired
And I can't take any more pain
Take away, take away
Never to return again
Take away, take away
Take away
Take away this ball and chain
Well I'll pass the bar on the way
To my dingy hotel room
I spent all my money
I've been drinkin' since half past noon
Well I'll wake there in the mornin'
Or maybe in the county jail
Times are hard getting harder
I'm born to lose and destined to fail
[Chorus:]
Take away, take away
Take away this ball and chain
Well I'm lonely and I'm tired
And I can't take any more pain
Take away, take away
Never to return again
Take away, take away
Take away
Take away this ball and chain
A mi amigo J. Sé que le encantará.
La letra, de regalo.
Well it's been ten years and a thousand tears
And look at the mess I'm in
A broken nose and a broken heart,
An empty bottle of gin
Well I sit and I pray
In my broken down Chevrolet
While I'm singin' to myself
There's got to be another way
[Chorus:]
Take away, take away
Take away this ball and chain
Well I'm lonely and I'm tired
And I can't take any more pain
Take away, take away
Never to return again
Take away, take away
Take away
Take away this ball and chain
Well I've searched and I've searched
To find the perfect life
A brand new car and a brand new suit
I even got me a little wife
But wherever I have gone
I was sure to find myself there
You can run all your life
But not go anywhere
[Chorus:]
Take away, take away
Take away this ball and chain
Well I'm sick and I'm tired
And I can't take any more pain
Take away, take away
Never to return again
Take away, take away
Take away
Take away this ball and chain
Well I'll pass the bar on the way
To my dingy hotel room
I spent all my money
I've been drinkin' since half past noon
Well I'll wake there in the mornin'
Or maybe in the county jail
Times are hard getting harder
I'm born to lose and destined to fail
[Chorus:]
Take away, take away
Take away this ball and chain
Well I'm lonely and I'm tired
And I can't take any more pain
Take away, take away
Never to return again
Take away, take away
Take away
Take away this ball and chain
lunes, 20 de febrero de 2012
La taza de oro, de John Steinbeck
Ahora creo. La Santa Roja es mi nuevo icono, y por qué no, mi nueva musa, o mi nuevo amor, o mi nueva ilusión.
Ayer terminé de leer una novela que me había hecho requiebros desde hacía muchos años. Un día en mi adolescencia leía un juego de rol que se llamaba Piratas!!! (un gran juego de rol, detallado y entretenido, aunque su diseñador gráfico no tuviera mucho tino con los signos de admiración). Y en él siempre se remitía una y otra vez a una novela que se llamaba La taza de oro. A esa altura yo ya tenía una modesta inquietud por los libros, pero no salía de mi asombro en que existieran más clásicos de piratas que no fueran La isla del tesoro o los versos de Espronceda. Y nótese que digo clásicos por una razón: ¿cómo podía un mocoso que todo lo que quería en la vida era ligar con la niña de dos pupitres más allá saber que La taza de oro era un clásico? Muy fácil, hombre. Por el apellido de su autor. Steinbeck. Steinbeck. John Steinbeck. Con ese nombre sólo se puede ser un clásico. ¡Steinbeck! ¡Steinbeck y los clásicos!
(Imagen tomada de la web Biografías cortas)
Pues como se me acabaron los compromisos y esos piratas nunca se me habían marchado del todo de la cabeza, un mes de noviembre de un año -¿hace cuatro, seis?- lo compré en una feria del libro, de segunda mano posiblemente (al menos debería tener la dignidad de la segunda mano, dado su estado de manoseo) y hace una semana decidí leerlo.
Qué maravilla.
Qué bien me lo he pasado con este clásico. Ahora sí que puedo decir que esta novela sea un clásico, y repetirlo cincuenta veces como antes repetía el nombre de su autor. Qué maravilla.
(Thom Steinbeck habla sobre su padre John Steinbeck, primera parte)
El título de La taza de oro hace referencia a la metáfora por la que tenían a la rica ciudad española de Panamá. Ciudad que Henry Morgan tomó con los bucaneros. Henry Morgan es el protagonista absoluto de esta novela. Henry Morgan y el hambre del espíritu de su juventud. Morgan crece, desarrolla su deseo de navegar y llegar más allá hasta el saco de Panamá. Y entonces regresa a Inglaterra a retirarse. Una taza dorada también es una metáfora de algo aún más preciado.
La novela es una pequeña joya. Los capítulos son muy poéticos, puesto que las palabras son pura metáfora y no le sobra ni le falta una coma. El texto yo lo he leído en la edición que publicó el diario El País y debo decir que la traducción -que ahora no recuerdo de quién es- me ha parecido bastante buena (sin el original inglés, al menos debo decir que es muy fluida y tremendamente rítmica).
La novela se divide en libros y en capítulos. Los libros marcan etapas en la vida de Henry Morgan y los capítulos son divisiones más breves, de unas poquitas páginas. El reclamo de los capítulos breves, como todo trato con un pirata, resulta un regalo envenenado, porque nunca puedes leer solo un capítulo. He leído esta novela comiendo, cenando, mientras mis alumnos escribían sus exámenes, mientras mi perra jugaba en el parque, etc. No podía parar. ¿Puede crear hambre de leer una novela de poca intriga? Bueno, si la Santa Roja quiere intriga, intriga va a tener: a una mujer que monta a caballo a horcajadas no se le puede llevar la contraria.
(Thom Steinbeck habla sobre su padre John Steinbeck, segunda parte)
La Santa Roja es un Santo Grial vivo, una mujer de leyenda con el que los bucaneros sueñan y por el que viven y mueren, por el que merecería la pena arrasar la ciudad de Panamá. Es una búsqueda medieval maravillosa. Los capítulos en los que se menciona a este personaje, un poco como la Rebeca de Hitchcock, son de los más intensos que he leído en años. Aunque los capítulos de la infancia de Henry no se quedan cortos. Podía estar en las highlands (aunque no sea Escocia, yo me lo imaginaba allí: ¡es mi lectura!) leyendo a Steinbeck.
Henry Morgan también es un personaje muy bien dibujado. Sus sueños e ideas, sus palabras que dicen de él incluso más que las descripciones con que lo pinta el narrador, su falta de moral, etc. Podría ser una metáfora de cualquier otro gran siervo del poder del siglo XX, aunque a decir verdad no me apetece entrar en el juego del quién es quién, lo que en estudios literarios se llama roman à clef. Elizabeth como el horizonte y los padres como Ítaca también son realmente interesantes, aunque descritos mucho más ligeramente. La madre es una joya, y eso que no habrá más de quince páginas en las que aparezca en toda la novela.
Una pregunta me ronda por la cabeza: ¿es esta novela la historia de una vida o la vida de una historia? Juega al engaño, es documental, pero ficticia, tiene algunos fragmentos que se escapan de la numeración en capítulos del relato de Henry. Tiene la duración de una vida y podría ser una amarga novela de formación. (Las novelas de formación a mí normalmente me dejan un poso desagradable en lo bajo del estómago y de la consciencia). Y sin embargo también tiene un importantísimo hilo conductor en una sola intriga, la intriga de Elizabeth-Ysobel.
La prosa de esta novela en la que hay biografía, hay intimismo, hay psicología ya dije que merecía mucho la pena. Es concisa pero nunca deja al lector solo. Deposita rápidamente de un lugar a otro, pero nunca te deja caer. Nunca te desorientas en esta novela de marineros.
Y además tiene un atractivo adicional: entre los capítulos de ficción hay unas poquitas páginas documentales, al comienzo de cada libro, en las que se cuenta la historia de las Antillas.
Nada más, ni nada menos. Es una joya. Y con la joya en la mano, ahora creo. Creo en la Santa Roja.
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